El faro literario entrevista a Miguel Angel Casau, autor de Felicity

P.: Miguel Angel, muchas gracias por tu tiempo. ¿Cómo fue que el veterinario clínico Miguel Angel Casau decidió incursionar en la literatura? Y no solo incursionaste en la literatura, sino que además lo hiciste con un increíble nivel de erudición…

Desde muy joven me recuerdo imaginando historias y escribiéndolas, y lo que era peor, dejándoselas a mis compañeros de clase en el colegio para que las leyeran y luego me dieran su opinión. Escribir es como una fiebre intensísima, mientras estás en fase creativa se produce algo similar al delirio, pero no por ello me considero escritor, me considero más bien un contador de historias, siempre desde un punto de vista muy particular.

P.: ¿Podrías hablarnos un poco sobre tu trayectoria literaria?

Tengo cinco novelas publicadas, “De dioses, hombres y demonios” editada en 2003, “Felicity” en 2006, “Dalípoli” en 2011 y “La inmortalidad de los condenados” en 2016. Sin embargo, fue “Al final del túnel” la novela que me dio a conocer al gran público, se trata de un manuscrito que tenía escrito hacía muchos años y que me decidí a publicar por mi cuenta en Amazon en 2015, gracias al cual se han vendido miles de ejemplares y me ha dado a conocer a un público mayoritario en todo el mundo.

P.: ¿Te Consideras autor de algún género determinado?

Personalmente, yo creo que tus obras no pueden clasificarse, sobre todo por una cuestión de principios…

Todas mis obras contienen una mezcla de suspense, ciencia ficción y terror, sin embargo, no llego a sentirme encuadrado en ninguno de esos géneros como tal. Lo cierto es que cuando comenzó a aparecer la palabra distopía no hace muchos años y se empezó a hablar del género distópico fue cuando me sentí mejor encasillado, y, aun así, tampoco del todo. Reconozco que mis obras son difíciles de clasificar.

P.: ¿Cómo surge Felicity?

Es curioso, surgió a partir de una pintada escrita en la pared que decía: “Nos vemos al otro lado del espejo”. La gente quiere que veamos su mejor cara, la idea de una felicidad ficticia que no existe como tal. Eso se nota sobre todo actualmente con la imagen que queremos dar en las redes sociales, siempre con la sonrisa puesta, intentamos interpretar un papel que no es verdaderamente el nuestro sino el reflejo de lo que nos gustaría ser en el otro lado del espejo. Por eso imaginé un medicamento a base de endorfinas sintéticas que hacía que la gente se sintiera feliz de una manera ilusoria, pero, a cambio, había mucho perder, nada es gratis en esta vida, siempre hay un precio que pagar.

P.: Me gustaría hablar un poco de otra de tus novelas, Dalipoli, en la que creo ver algún tipo de relación con Felicity, por ejemplo en cuanto a la creación de distopías, el viaje casi iniciático de los personajes en busca de respuestas, la crítica social y el elemento religioso, al menos en lo que tiene que ver con Dios y el demonio. ¿Podrías decirnos algo a este respecto?

Mis novelas suelen ser casi todas viajes iniciáticos, donde realmente lo importante es el camino y las cuestiones que se te plantean durante su recorrido y no la meta final. Dalípoli es una crítica al consumismo feroz de hoy en día, que lo único que produce es insatisfacción personal, y Felicity una crítica a la imagen falsa que pretendemos dar a los demás, lo que también genera insatisfacción. Creo que lo que no se puede es vivir “vidas de instagram” que equivale al vacío personal y a la nada más absoluta.

En todas mis novelas además siempre está presente la idea de Dios y de su ¿existencia? Aunque yo me considere un ateo a la búsqueda Dios.

P.:En Felicity somos testigos del nacimiento de una sociedad cuyos miembros experimentan la felicidad por la felicidad misma, sin motivo, producto de la pura química, una felicidad que estanca y embrutece; se plantea entonces que el sufrimiento actúa como una suerte de motorizador, de motivador de los deseos de progreso y de superación. Sito del libro:: “Porque para que las sociedades fluyan, para que evolucionen, necesitan sufrir. El sufrimiento y la insatisfacción es el motor de la humanidad; es lo que nos lleva a querer hacernos mejores, lo que genera la curiosidad, las ganas de hacer cosas, de mover el culo, de apechugar con los problemas.” En Dalipoli, en cambio, se perfila por un lado una sociedad homogeneizada por el consumismo, seres alienados que acaban por ser literalmente devorados por sus vacuas ambiciones de poseer, y por otro hombres que son felices simplemente conservando su identidad y sus recuerdos, con la premisa de Diógenes de Sinope de que los hombres con menos necesidades son los más libres y más felices. ¿Cuál sería, a tu criterio, el equilibrio entre estas posturas? O quizás no se trate tanto de una posición intermedia Como de no hacer pasar la felicidad y el progreso únicamente por el consumo de bienes materiales…

Creo que lo fundamental en una persona es sentirse satisfecho con lo que tiene o hace, y además ser consciente de disfrutarlo. Hay “pobres” que estando satisfechos con lo poco que poseen no tienen necesidad de nada y “ricos” que por más que tengan nunca se les detiene la fiebre de la ambición o del poder, siempre desean más, y eso te convierte en un preso en vida, no puedes escapar, no te puedes liberar nunca.

P.: Quizás parezca una obviedad tras la lectura de tus novelas, pero ¿cómo ves la sociedad actual?

Soy bastante escéptico con el hombre actual. Creo que al mundo le sobramos nosotros, o por lo menos la sociedad consumista, voraz y desatinada que hemos creado. La Tierra no va a ser capaz de soportar los niveles de contaminación que le estamos lanzando a cada momento y eso al final pasará factura.

P.: Se ha debatido largamente durante mucho tiempo acerca de la función de la literatura: como puro ejercicio estético, como entretenimiento, como denuncia… ¿Crees que una de las funciones de la literatura podría ser la denuncia? En ese caso, ¿cuál crees que sería la influencia de la literatura sobre la sociedad?

Yo hablo en mi caso, para mí la literatura es contar una historia que, a la vez que entretiene, sea capaz de hacerte pensar y plantear dilemas filosóficos. La literatura es un pilar fundamental del hombre, sobre todo para intentar hacer a cada uno mejor, de ese modo el mundo será mejor y todos tendremos cabida. Aunque, viendo el panorama, creo que hablo de una utopía.

P.: ¿Cómo suele ser la recepción de tus obras por parte de los lectores?

Hay gente que le gusta y hay gente a quien le repele. Yo entiendo que Felicity es una novela en la que hay instantes muy duros y no a todo el mundo le guste. También me ocurre en “Al final del túnel” cuyos personajes son todos unos perdedores, y hay mucha violencia tanto implícita como explícita en el libro. Hay a quien le entusiasma este libro y otros que no lo soportan.

P.: Tanto en Felicity como en Dalipoli los personajes que podrían ser considerados los villanos de la trama tienen detrás una historia personal que de alguna manera explica, sin justificar, el modo en que estos personajes proceden. Esto rompería agradablemente la visión maniquea del bien y el mal encarnados en personajes “buenos” y “malos”… ¿Qué nos podrías comentar sobre esto?

No existen buenos ni malos, sino que cada uno es como es dependiendo del entorno y las circunstancias que haya vivido a largo de los años, sobre todo de su infancia, que es lo que más determina la personalidad de cada uno de nosotros. Por ejemplo, yo puedo entender (y cuando digo entender no es justificar ni disculpar ni perdonar) que un hombre o una mujer adultos sean maltratadores, bien con sus hijos o niños indefensos, porque en su infancia sufrieron maltrato por parte de alguno de sus progenitores. Quien habla de maltratadores habla también de violadores o de asesinos. Si uno se cría entre violencia lo más normal es que luego se convierta en una persona violenta, porque es lo que ha mamado desde pequeño y piensa que el mundo funciona así.

P.: ¿Algún proyecto en el que estés trabajando actualmente y del que quieras hablarnos?

Ahora mismo no tengo proyectos, comencé uno que duró varios meses y lo dejé a medias porque no terminaba de convencerme.

Seguiré escribiendo si creo que tengo una buena historia que contar y si no, dejaré de escribir y me dedicaré a seguir leyendo, que es lo que he hecho durante toda mi vida.

P.: ¿Algo más que quieras agregar?

Nada más. Gracias.

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